El blazer azul marino
La prenda más silenciosa del armario. Y, si se elige bien, la única que hace falta.
La fórmula de siempre: navy, khaki, cuero, paja. No hay que mejorarla.
Hay prendas que se ponen y prendas que se habitan. El blazer azul marino —lana, dos botones, hombrera justa, no más— pertenece a las segundas. Ana Somerset lo ha usado veinte años, el mismo, llevado a un sastre una vez cada tres. «Cuando uno encuentra el suyo, deja de buscar», dice. «El resto es ruido.»
Se lleva con chinos khaki, con un vestido de lino, con jeans que ya no son azules. Los mocasines son de cuero castaño, sin herraje que se lea a un metro. El canasto de paja no es un accesorio de temporada: es la bolsa del mercado, del libro, del jersey por si el viento entra.
La regla de las cuatro piezas
Blazer navy. Camisa blanca o jersey de cashmere. Khaki o blanco. Cuero castaño. Con eso se resuelve un verano, un otoño y una cena que no avisó. Holloway no cree en el armario cápsula como eslogan. Cree en un armario que se puede recitar de memoria.
Cuando uno encuentra el suyo, deja de buscar. El resto es ruido.
Ana Somerset
Una nota sobre el navy: no es negro. El negro, de día, es una decisión. El navy es un clima. Se parece al mar cuando el mar se porta bien, y a la tinta de un cuaderno. Por eso dura. Por eso, en esta revista, vuelve siempre.


